“El libro negro del emprendimiento” no pudo caer en mejor momento en mis manos. Escrito por Fernando Trías de Bes, profesor de ESADE, una de las principales escuelas de negocio de Europa, este libro nos retrotrae al epicentro de una de las más amplias grietas culturales que tiene Chile y donde, tristemente, nos acompañan el resto de los países de la región.
Los latinos nos movemos entre la esquizofrenia de recriminar a los exitosos en el mundo de las empresas y de crucificar a los que, al intentarlo, fracasan. “Los negocios son sucios”, “para poder haber ganado tanta plata, a alguien le debe haber robado”, “es un bueno para nada”, “seguro que sacó toda la plata al exterior”, son comentarios comunes.
¿Qué nos pasa que no vemos la realidad? Las empresas generan riqueza, puestos de trabajo e impuestos para llevar adelante las inversiones sociales. Mientras más negocios haya, mejor. Quienes lideran la creación de nuevas empresas son los emprendedores, hombres y mujeres que con pasión persiguen un sueño que incluye ganarse la vida y progresar. Unas pocas manzanas podridas no deben dar la imagen de que todo está perdido.
El camino para ser un emprendedor exitoso es complejo y lleno de dificultades y turbulencias. Problemas con la competencia, imprevistos climáticos, regulaciones costosas, acceso a mercados, insumos y créditos, entre otros. Todos estos inconvenientes hacen que los emprendedores fallen, en promedio, tres veces antes de consolidarse. Si como sociedad le negamos a quienes se han caído la oportunidad de volver a levantar un emprendimiento, nos estamos cerrando al desarrollo a nivel de país, estaremos creando menos puestos de trabajo, impuestos y calidad de vida para todos los chilenos. Y de paso, estamos matando sueños.
El proceso de quiebra en Chile es visto, con frecuencia, como un fraude o desfalco. No sólo encasilla al emprendedor como un “perdedor” de por vida, sino que toma casi 6 años de trámite y los acreedores recuperan un bajo porcentaje de
Un estudio del BID sobre esta materia realizado especialmente para Chile indica que el 70% de los fracasos podrían haber sido evitables, generando compañías rentables en el mediano plazo. En países europeos, los “fallidos honestos” son liberados de las listas negras (DICOM) cuando finaliza el proceso, lo que facilita enormemente las opciones del segundo intento.
En teoría de juegos, este dilema de no poder trabajar confiando en el otro se denomina “tragedia de los comunes”. Otro ejemplo clásico es la contaminación, todos sabemos que es mala, pero nos cuesta mucho hacer lo que sabemos que es correcto, no ensuciar el medioambiente. Emprender es bueno y el aprendizaje es vital. Hay que tolerar y aceptar las fallas como parte del proceso. En teoría de la vida, se denomina “ensayo y error”, como senda indispensable para alcanzar el éxito. Debemos internalizar que los empresarios exitosos o que fracasan no son delincuentes, todo lo contrario, son la locomotora de la economía de la cual todos dependemos.
Un gran ejecutivo americano perdió 20 millones de dólares en un negocio. Inmediatamente fue donde el jefe y le entregó una carta de renuncia. El jefe lo mira y le dice “acabamos de invertir 20 millones en tu formación, estaríamos locos si te dejamos partir”. Una de las prácticas en Endeavor es compartir y premiar el mayor fracaso de la semana, con la idea que todo el equipo incorpore las lecciones aprendidas y evitemos errores futuros. Emprender es equivocarse, y también es volver a levantarse. Emprender es tomar riesgos. Si como sociedad no damos espacio al sueño de emprender, cerramos la puerta a la ilusión de constituirnos en un país con oportunidades de desarrollo.
En el mundo del emprendimiento dinámico lo más importante es el emprendedor y su espíritu de trabajo por su sueño. Al no tener una cultura, ni mecanismos legales, ni instrumentos de fomento para el re-emprendimiento estamos cercenando nuestra capacidad como país de avanzar hacia una economía moderna con mayor movilidad social y meritocrática.


















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Estimado Sr. Alan Farcas,
Considero que su columna es demasiado extensa y abarca muchos temas.
En el Siglo XXI es fundamental sintetizar al máximo la presentación de nuestras ideas.
Atte
Ariel Meller